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Es notorio y destacable el hecho de la inquietud de FIFA en estos últimos años (después del Mundial de Japón del 2002) por mejorar el nivel del arbitraje en general.
Es por ello que se observó con beneplácito el seguimiento de un grupo determinado de árbitros con exigencias crecientes y accesos a tecnologías de preparación nunca antes vistas.
Y si bien es cierto que en el Mundial 2006 fue evidente el mejoramiento de los desempeños arbitrales, lo real y actual es que pese a todo el esfuerzo profesional y económico del Comité de Arbitraje de la FIFA, los resultados de las actuaciones de los jueces en el Mundial 2010 han devenido en un indudable retroceso y en un punto muy débil en la estructura de este fútbol ultra profesional.
Y es así que se ha generalizado el recrudecimiento de la demanda de dar lugar a la tecnología en muchas de las decisiones finales de los árbitros, sin reparar que – más allá de algún aspecto muy puntual como podría ser para decidir si un balón cruzó o no la línea del arco – su uso quitaría aspectos colaterales que han hecho del fútbol el juego colectivo más hermoso y popular del mundo.
En estas circunstancias se escuchan las opiniones más variadas y absurdas, no exentas del facilismo de hacer visibles los errores sin profundizar en el por qué de ellos.
Tampoco aparece como lógico que un árbitro que se ha estado preparando por años, sea separado de un Mundial por un error, más allá de la trascendencia del mismo. Sería lo mismo que una Asociación resolviera mandar a su casa en medio de un Mundial a un atacante que falló frente al arco rival en una situación favorable.
Y es que el hilo se corta por lo más delgado y el árbitro de fútbol es una variable de ajuste rápida y poco comprometedora.
¿Por qué no entender que no basta con el seguimiento de árbitros por un tiempo más o menos prolongado y no propiciar que ésos árbitros sean el resultado de años de preparación en manos de maestros capacitados para la tarea?
¿Cuándo nos daremos cuenta que somos el resultado de nuestra formación y no sólo de nuestra predisposición natural para cualquier función?
La FIFA ya hace algún tiempo que busca modificar las estructuras arbitrales de los jueces de élite, pero olvida que la formación se inicia mucho antes con maestros idóneos en la materia y capacidad de transmitir sus conocimientos.
En AFA, donde su máximo dirigente, don Julio Grondona, ha dicho hasta el cansancio que no puede haber un fútbol importante si no hay jueces de categoría, se tomó oportunamente el toro por las astas y se conformaron equipos de trabajo que permiten augurar resultados positivos en la materia a mediano plazo.
Revirtiendo el concepto, podemos deducir que donde no hay un fútbol importante, difícilmente aparezcan buenos árbitros, lo que se corrobora fácilmente en los torneos internacionales donde son casi milagrosas las apariciones de jueces destacados provenientes de países de poco reconocimiento futbolístico.
Tampoco su origen y nada más que ello garantiza idoneidad por más lauros que su deporte local sugiera, sino que lo importante pasa por la importancia que se dé a la actividad arbitral por parte de quienes conducen las estructuras. El ejemplo de Brasil es concluyente en este aspecto: un gran fútbol con árbitros poco destacados y eficientes.
Esto nos lleva a pensar profundamente en la formación seria y sistemática de verdaderos maestros formadores de árbitros que cuenten con el apoyo de sus Asociaciones o Ligas.
La formación de instructores verdaderos, capaces y eficientes es la única posibilidad que queda para lograr la capacitación de árbitros eficaces en su labor.
Instituciones conformadas por especialistas y notables como el Comité Técnico de Instructores de Arbitros, única institución en el mundo, son indispensables para logros reales en la formación de verdaderos profesionales árbitros.
El fútbol es una mini sociedad que funciona como las grandes sociedades humanas: sin maestros no hay posibilidad de alumnos que devengan en profesionales con chance de alcanzar altos niveles en su especialidad.
El instructor debe poseer título nacional, matrícula anual de renovación gratuita y el nivel 1, 2, 3, 4 ó 5, siendo éste último regular y sin posibilidad de dar clases para quien lo posea.
Andrés Salvador Sabino
Presidente
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