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1964, Independiente viaja a Entre Ríos a jugar un partido amistoso. En ese grupo se encontraba el famoso arquero Bello, de quien mi padre hablaba siempre a pesar de que yo nunca lo vi jugar. Cuando se dirigió hacia mí, me trató como señor mostrando una gran educación y respeto.
Después de tantas horas de viajar, no existía el puente de Zárate, había que cruzar a lancha para llegar a Entre Ríos. Estaba todo el pueblo de Basavilbaso esperando a la delegación de Independiente, y cuando bajan todos los tocaban.
Se juega el partido antes del mediodía ante gran cantidad de gente, y había dos muchachos del pueblo, árbitros de Basavilbaso que estaban alineados como están hoy los árbitros del interior. Finalizó el match y nunca voy a olvidar, el Sr. Horacio Buena que era uno de los asistentes, me dice “Ud. que está en Buenos Aires no nos abandone, ayúdenos. Nosotros somos unos parias acá”. Me dijo esas palabras y me clavó algo en mi vida que no pude contestar en ese momento.
Pasaron muchos años y yo ya estuve en el puesto en el Consejo Federal. Hice una reunión con los instructores de Entre Ríos, y cuando llego a una escuela que había reservado en esa provincia. Llego con el coche y había mucha gente esperándome. Me presento a todos y de golpe un hombre me dice: “Yo soy Horacio Buena”. Le dije que había ido sin conocimiento de que él estaría allí, pero que nunca había olvidado las palabras que me había dicho “ayude a la gente del interior”. Y acá estoy, vine a ayudarlos, y de ahora en más los ayudaré siempre a todo el país. Hicimos la reunión de instructores, nos retiramos y a la semana siguiente tengo que viajar a Salta (que conste que los pasajes los pagaba yo y por cortesía de la Revista Arbitrajes).
Mi suegro paseaba en Misiones, tuvo un ataque de úlcera y murió con fuertes dolores. Los dirigentes de Misiones llamaron a las ligas y ayudaron a mi suegra que estaba allá sola y mandaron una ambulancia hacia Buenos Aires para poder traerlo. Lo llevamos al cementerio el sábado a la mañana. Cuando vine mi señora me dice, tengo que seguir para adelante. Ella tiene más fuerza que yo para esas cosas y me dice que viaje a Salta, que acá no podía hacer más nada.
En el avión hacia Salta había muchos árbitros por una reunión de SADRA. En ese avión invento la tabla de méritos. Porque había una época en que las cosas no se hacían bien en serio. Allá por el ochenta y pico, un dirigente de una liga de la zona sur llama a otro dirigente donde yo estaba dando clases para solicitarle una terna arbitral para el campeonato argentino que tenía posibilidad de clasificarse y le digo yo “cómo va a mandar usted árbitros de su liga, que los estamos preparando, no los quieren acá y usted los va a mandar a otro lado. Me parece que no corresponde”.
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